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  • David Piñero

Toda nuestra solidaridad con el sector primario: si cae el campo caerá el país entero


Los políticos españoles, fiel reflejo de la sociedad a la que pertenecen, nunca han tomado en serio a los agricultores y a los ganaderos



En verdad, si lo pensamos detenidamente, dice muy poco a favor de nuestra sociedad esta mentalidad que podíamos definir como tardío medieval. Los políticos españoles, fiel reflejo de la sociedad a la que pertenecen, nunca han tomado en serio a los agricultores y a los ganaderos. Sin duda porque, como ocurre con los autónomos en general, son muchos, pero nunca han estado unidos. En verdad, si lo pensamos detenidamente, dice muy poco a favor de nuestra sociedad esta mentalidad que podíamos definir como tardío medieval.

En otros países, como es el caso de los vecinos Francia y Alemania, el campesino siempre fue tomado en serio. La palabra “Bauer” ( campesino en Alemán) impone, significa y está cargada de autoridad, respeto y prestigio.



¿Tenemos que esperar a hundirnos en la miseria todos , en el hambre, en el desabastecimiento producido por un campo abandonado , por la falta de alimentos de calidad, para darnos cuenta de que el campesino y el ganadero son seres tan dignos como los demás oficios?

En España no; en este país jamás hemos respetado la dignidad del campesino. Nos ha importado un rábano – nunca mejor dicho - ver desde hace décadas cómo salían protestando los agricultores españoles, por ejemplo, para enseñarnos cómo dejaban las patatas en el campo, sin sacar, cientos de toneladas del preciado tubérculo, porque simplemente no les merecía la pena recogerlas; es más, perdían dinero haciéndolo, pues sin una ley que regule los precios en origen y que controle la importaciones de países ajenos a la Unión Europea ( que además compiten en desigualdad de condiciones) , sin una implicación de los gobiernos ( de ninguno) era intolerable admitir que se les pagasen diez miserables céntimos de Euro por kilo de patatas en origen, cuando en la cadena final se estaban vendiendo por alrededor de euro el kilo. Y así con el resto de los productos, como los tomates, las sandías, las naranjas y un largo etcétera.

Hace unas semanas, un ganadero asturiano nos comentaba que se le está pagando el litro de leche a un precio inferior al que se le abonaba hace veinte años.

Esto, unido ahora a la bestial subida de precios de los piensos, de la energía eléctrica e incluso de la cuota de autónomos, hace inviable el campo. Carece de atractivo para las generaciones jóvenes incorporarse a un sector que la sociedad, con sus políticos a la cabeza, no tomamos en serio.

Personalmente, y viendo que esto se ha venido arrastrando así desde hace muchas décadas, pienso que los problemas del campo y del campesino, que son casi siempre los mismos, se arreglan el día que el campo desaparezca. Así de claro. Cuando llegue la ruina total, cuando tengamos que depender del exterior para conseguir las materias imprescindibles que produce el sector primario, cuando el país caiga, nos daremos cuenta de la importancia que tiene el sector primario; quizá entonces reconozcamos que ese sector merece el mismo, exactamente el mismo respeto y la misma dignidad que cualquier otra profesión. En nuestro país, nos guste o no, tenemos las idea generalizada de que el campesino es aquel que no vale para otra cosa. Así de claro. Y eso no es así. Nuestros vecinos franceses y alemanes piensan de muy distinta manera.

¿Tenemos que esperar a hundirnos en la miseria todos , en el hambre, en el desabastecimiento producido por un campo abandonado , por la falta de alimentos de calidad, para darnos cuenta de que el campesino y el ganadero son seres tan dignos como los demás oficios? Estoy seguro de que sí.

Hasta que no se reconozca al campo, en todos los sentidos ( no solo con palabritas huecas en tiempo de necesidad) la dignidad , el reconocimiento y el respeto que le corresponde, exactamente el mismo que le profesamos a las demás profesiones, no será el campo una profesión que inspire un atractivo y la necesaria seguridad y confianza para que jóvenes generaciones decidan voluntariamente incorporarse a esta actividad.

Y es que si el campesino sabe que solamente va a encontrar piedras en el camino, como las ha venido encontrando siempre, no ya desde hace décadas, sino siglos, solamente se incorporarán a esta labor aquellos que no encuentren otra escapatoria.

Estamos a tiempo de evitar que se hunda el sector primario. Es labor de todos intentarlo y apoyarles en sus justas reivindicaciones.

Ánimo a todos, no decaer en la lucha por unas condiciones de vida dignas y, sobre todo, en la unión del sector. La unión hace la fuerza siempre, y en el campo más.

No olvidemos que el pavo o el pollo que cenamos esta noche, las patatas fritas, los quesos, el jamón y el chorizo, el pan, el vino, los espárragos o las setas, por solo nombrar algunos manjares, no estarían sobre nuestros manteles sin el trabajo y la dedicación de este sector que habitualmente olvidamos por completo.

Feliz año a todos lo que vivís del sector primario y hacéis posible que cada mañana al abrir la nevera pensemos en vosotros.